Una experiencia cambadesa para ayudar a cumplir proyectos de vida

Una experiencia cambadesa para ayudar a cumplir proyectos de vida
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Tania Fernández es hoy la feliz madre de la pequeña Julia, de nueve meses. Hasta ahí el final de su historia es el mismo que el de cualquier joven deseosa de tener hijos, pero en su camino se cruzó un mioma que a punto estuvo de desbaratarlos.

Tania Fernández es hoy la feliz madre de la pequeña Julia, de nueve meses. Hasta ahí el final de su historia es el mismo que el de cualquier joven deseosa de tener hijos, pero en su camino se cruzó un mioma que a punto estuvo de desbaratarlos. Y es que, si bien se trata de una tumoración benigna, en su caso deformaba de manera importante el endometrio y crecía rápidamente–en dos meses pasó de 5 a 7,2 centímetros– así que solo le daban dos opciones: seguir con sus planes, pero nadie garantizaba no sufrir un aborto a los cinco meses de gestación; u operarse, cosa no menor porque “existía un gran riesgo de perder un ovario y una trompa e incluso la posibilidad de tener que vaciarme porque hasta que no abrieran, no sabían exactamente lo que había; y pensar que con 25 años me podía quedar estéril… A parte de que cuando escuchas la palabra tumor, te entra miedo. Fue un palo”, cuenta la joven.
Según Fernández, uno de los médicos que la atendió tampoco estaba muy convencido de someterla a la cirugía que es como una cesárea y, por tanto, sus posibilidades de ser madre quedarían limitadas a dos embarazos. “Me vi tan desesperada que hice lo que no se debe hacer, buscar en internet, pero gracias a dios”, declara. Así fue como encontró una tercera opción en la clínica sevillana Caremujer, dirigida por la cirujana especialista en obstetricia Victoria Rey, con su técnica de ablación de miomas por radiofrecuencia

Una llamada de Meis

“En una semana tenía todo listo para ir a Sevilla, en junio de 2016 me sometí a la intervención, que se realiza por vía vaginal, con sedación, y mediante electrodos. Vulgarmente es como una aguja de calcetar que pincha el tumor, lo quema, le quita la aportación sanguínea y luego tu propio cuerpo lo absorbe. Hace una semana que fui a la última revisión y ya solo queda la cicatriz”, cuenta la joven. Al mes de recibir el alta, ya estaba embarazada y nueve meses después nacía Julia.
Tania quiere contar ahora su historia por si puede ayudar a otras mujeres y, de hecho, está conociendo muchos casos e incluso ha recibido llamadas de afectadas de Meis o de Andalucía para conocer su experiencia. “Quiere compartirlo porque en mi situación hay mucha más gente de lo que yo pensaba, y si puedo ayudarles, me doy por satisfecha”, cuenta.
La cambadesa explica que en el Hospital do Salnés no le ofrecieron esta posibilidad porque la seguridad social no cubre este tipo de intervención. Ella pagó 1.800 euros, a parte de los gastos de viaje y alojamiento, “pero teniendo en cuenta para lo que es, no me parece caro”.
Fernández echó en falta esa información por parte de los profesionales del Sergas para que “yo pudiera elegir” y también un poco “más de empatía”, aunque también quedó muy satisfecha con el seguimiento realizado. De hecho, “tuve a Julia en O Salnés y todo muy bien, se interesaron mucho por la técnica y por mí, ya incluso antes. Los ginecólogos se reunieron para abordar mi caso –el mioma es más habitual en mujeres premenopáusicas–, pero sí me enfadé un poco de que no me hablaran de ello”